En los transportes públicos hay barra libre total, la falta de control de accesos inspiraría cachondeo si uno no tuviera ganas de llorar al ver las infraestructuras del Metro: la suciedad y el estado ruinoso de las estaciones recuerdan los momentos más vergonzantes de las Líneas 1 y 5 madrileñas. Por no hablar de los coches de la Línea B, ambientados con un aroma a orines que delata la eterna falta de limpieza. La nueva Roma no mejora en la superficie, donde resulta difícil creer que no existan contenedores para la basura, que se esparce con alegría medieval por la vía pública al más puro estilo malagueño. Se comprende que es quizá la ciudad más turística del mundo y el turismo, se sabe, es la especie más puerca e incívica que existe; su principal actividad es ensuciar por donde pasa. Por eso mismo escandaliza la ausencia de servicios de limpieza mientras los guiris consumen litronas en la escalera de Piazza di Spagna. Todo esto es expresión de un absentismo alarmante por parte de lo Público que quizá explique el escepticismo italiano hacia sus políticos, pero que en nada disculpa la falta de respeto del ciudadano hacia su ciudad. Eso sí: policía, toda la que uno quiera, porque estaban recientes las guerras callejeras provocadas por los radicales de los equipos de fútbol.

El Tíber y el Puente Vittorio Emmanuele

Inolvidable la primera impresión de la Fontana di Trevi por la noche al entrar en la plaza desde uno de los callejones laterales. Uno de esos monumentos cuya belleza supera a su fama.

Sin embargo, los recuerdos más indelebles son los de la contemplación del Moisés, estatua que sugiera el movimiento en potencia como casi ninguna, y el Panteón. Este monumento tiene casi 2000 años y considero que su sensación de equilibrio y belleza sobrehumana no fue superada ni en el Renacimiento. Una obra que debería destruir esa fama de tosquedad de los antiguos romanos respecto de los griegos. Sigue pareciendo imposible que cuando la garn mayoría de la humanidad vivía en chozas, estos tipos construyeran algo asi. Diseño divino y no humano, dijo Miguel Ángel.

Un ejemplo para los romanos de hoy y sus autoridades.
Sin duda habrá que volver a Roma, ya que quedaron pendientes cosas, entre ellas San Pedro (la cola daba la vuelta a la Plaza) A decir verdad, casi me arrepentí de la mañana pasada en los Museos Vaticanos, pero la Capilla Sixtina es algo que hay que ver una vez en la vida.